El parto de Estefanía en el PTS de Granada

Mia es la menor de mis 3 hijos y la primera niña en la familia desde que yo nací hace 34 años. Fue concebida en pleno confinamiento, allá por el 18/19 de abril; no fue un bebé buscado, pero ahora no podría vivir sin ella.

El embarazo ha pasado más o menos bien y normal, quitando los vómitos hasta los 4 meses y el malestar que ello supone, más aún cuando tienes a dos niños en casa reclamando atención de 6 y 3 años. Pero lo peor no fue eso, era ir a las visitas médicas sola, que su padre no pudiera verla ni oír su corazón, enterarse de que era nuestra ansiada niña por teléfono mientras yo no dejaba de llorar de alegría…

Y llegó el momento del parto; mis partos anteriores fueron de más de 41 semanas, así que yo esperaba que esté fuera igual, así que aunque mi FPP era el 8 de enero, yo esperaba que naciera a mediados de mes. Fui a monitores el 12, ya de 40+4 y me dice la ginecóloga «¿Cómo estás de pesada?» A lo que mi respuesta fue: «Pues imagínate, con 2 niños y una gordita en la barriga» (me dijeron que pesaba alrededor de 3,600), así que me ofreció inducirme el parto dos días después.

Un parto inducido

Yo me quedé en shock porque esperaba otra semana más embarazada, como me había pasado en los anteriores, pero finalmente decidimos que sería el día 15 cuando ingresaría para provocar el parto. Dos días antes nos hicimos tanto mi marido como yo la PCR, y el viernes 15 ingresamos para iniciar la inducción. El protocolo a seguir era una pastilla vaginal de prostaglandinas cada 4 horas, un máximo de 4 pastillas y monitores para controlar el bienestar fetal.

Pasamos ese día tranquilos porque el cuello del útero no se acababa de borrar y las pastillas no estaban haciendo el efecto que deberían. Así que esa noche fue la última que medio dormimos, porque me levanté muchas veces al baño y tenía molestias en caderas y piernas. El sábado por la mañana me llevaron a paritorio para ponerme la oxitocina, a las 10:30 me la pincharon en el gotero y empecé a tener contracciones enseguida, al principio soportables y cada vez más dolorosas.

Me ofrecieron la pelota y ahí estuve bastante rato, me ayudaba mucho a controlar el dolor de las contracciones. Empezaron a apretar en intensidad cada 3/4 minutos y tuve que ponerme de pie porque no estaba cómoda ya sobre la pelota, y ahí empezaron a bajarle las pulsaciones al bebé con cada contracción. Vinieron los ginecólogos a mirar qué pasaba y me dijeron que me tumbara un rato para controlar el latido. Eran sobre las 14:30 y me volvieron a explorar, ya estaba de 5cm.

Pedí la epidural sabiendo que eso iba a ir a más, pero en cuanto salieron del paritorio los ginecólogos empecé a tener ganas de empujar, entró la matrona y me dijo «pues empuja, que ya sabes lo que es», así que entre grito y grito di a luz sin epidural, en media hora. Tuve que bajarme la mascarilla porque me faltaba el aire, y gracias a Dios no me dijeron nada, porque pensaba que me daba algo.

Todo salió bien

Mi niña nació a las 15:10, con 4,030kg y 54cm. Era tan perfecta y yo era tan feliz, que no me importó pasar por ese dolor de nuevo. Todo estaba genial, aunque yo me desgarré y me dieron puntos, pero en menos de 24 horas nos dieron el alta. 

Decir que estuvimos compartiendo habitación con otra pareja, pero no nos importó, porque congeniamos súper bien y al menos pudimos pasar las horas entretenidos hablando. La parte buena es que fueron los mismos con los que compartimos tanto el día de antes como después de dar a luz, tienen en cuenta eso, y nuestros hijos comparten cumpleaños, 16 de enero de 2021.

Y por supuesto, agradecer a todo el equipo de ginecología y obstetricia del PTS, por su humanidad, trato y respeto en estos tiempos que vivimos, hacen que una esté más tranquila, en especial a Puri, la matrona que me ayudó a traer al mundo a mi mayor sueño, mi pequeña Mia.

Estefanía

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